Fornite, Barricadas, e Independencia

Violencia gratuita, por ambas partes: los que van revestidos de kevlar: pagados. Los otros, los encapuchados o no, igual de jóvenes que los de uniforme, o quizás un poco más, por vicio, o juego.

Me paseo por Barcelona esta mañana y me fijo en las pintadas, no tienen sentido, paso por Via Layetana y solo veo caras de odio, como si muchos de ellos, hoy de uniforme, echaran de menos unas dosis, me pregunto de qué.

Son todos ellos demasiado jóvenes para mí. Luego están los que prueban un poquito de aquí y de allá: los que van de reporteros sin serlo o simplemente aquellos que se acercan un poquito a las barricadas, para no perderle el gusto al toro, sin entender que todo ello, ya no va con ellos.

La Catalunya de la mañana poco tiene que ver con la de la noche, de hecho, los catalanes, jóvenes, que lo son, no creo que entiendan muy bien de que va toda esta movida. Son en una gran mayoría, la generación del Fornite, o simplemente gentuza que les da igual salir de noche y pegarse, que salir de noche y montar una barricada.

Los del otro, de azul verde o marrón, son quizás peores: les pagan por ejercer violencia, gratuita, y muchos de ellos trasladados desde otras partes de España, se sienten en un cierto régimen de Erasmus policial donde la violencia gratuita está permitida.

Los que mandan, unos en funciones y los otros disfuncionales, avivan las bases de un lado y de otro buscando ese re-poker que no llegará nunca.

Entiendo el subidón, yo también tenia 16 años cuando me afilié a un sindicato de estudiantes, pero antes, leíamos mucho más. No soy un abuelo cebolleta: tengo 46 años y ya no entiendo qué esta pasando en la calle. No entiendo a los que pegan por un sueldo de mierda, ni a los que tiran piedras como si todo fuera un video-juego. Follan, se pelean, insultan y gritan pensando que todo es un juego y tienen tres vidas, y resulta que solo les queda una y es prestada.

Su violencia es sucia, homicida, una hemofilia de estupidez sin Rasputín ni coagulante.

Y luego marchas pacíficas, y discursos, y la hija del Borbón, estúpida a pesar de sus trece años y la educación que le hemos pagado todos, porque ni en eso hemos acertado, y nuestro presidente Torra en Marte, y nuestro país, Cataluña, que se desangra para el placer de algunos y la inconsciencia de muchos.

Llevamos ya varios días de trifulcas en las calles, merecidas, pero sin rumbo. Y ese es el gran problema: somos un transatlántico sin timón en deriva homicida. Y parece que a todos nos va bien. Tantos años para construir lo que nos podemos patear en tres tardes y seis cervezas.

No queremos ser España, y ese país, nos desangrará antes de soltarnos, y nosotros seremos tan estúpidos y le haremos el juego. Y mientras, entre declaraciones épicas de alcaldes, de políticos, de gente estúpida en general, nuestra república no nacida morirá asfixiada como cualquier embrión abortado, en un contenedor incendiado por cualquier multi-jugador del Fornite al que le importa una mierda si hoy lucha por la independencia y mañana por un mundo vegano.

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